Sabía que debía seguir adelante, que no era bueno que viviera así para siempre, que debía superarlo y que para eso estaba la ayuda profesional.
Pero a él no le importaba curarse el corazón. Esas heridas no sanarían jamás. Nunca en el resto de su existencia. Ni siquiera en sus vidas futuras.
Nunca podría recomponer ese error que había cometido. Y cada vez que lo viera nuevamente en las próximas vidas que compartieran juntos, de ahora en más, no tendría otro remedio que separase en algún momento, rompiendo ambos corazones. Ambas almas, ahondando la grieta que se había creado en la actualidad.
Ya no tendrían la misma unión de siempre. La había roto. De ahora en más, estaba seguro, su relación no sería más que de sufrimiento, odio y sentimientos similares.
El otro tenía esperanzas de encontrar otra alma a la que unirse especialmente. Pero él no. No podría. Sabía que no. Su corazón, su cuerpo, su alma entera clamaba por la otra con desesperación, pero ahora un vacío lo llenaba. Qué irónico.
La culpa, la vergüenza, el odio a sí mismo lo consumían y lo atormentarían por la eternidad.
Qué tonto había sido. No supo jugar bien sus cartas y terminó perdiendo a su más preciado ser.
- Te dije que no sabía jugar al póquer, Frankie.
Las olas abrazaron su cuerpo terrenal, envolviéndolo en su fuerza, llenándolo de ese sabor a sal inconfundible.
Sabía que sólo estaba escapando a la realidad, pero que tarde o temprano iba a tener que enfrentar.
Él se había ido para siempre.
The End.
Lady.Maccagno
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