El dolor lo atravesó mientras cerraba los ojos
e inhalaba su perfume único. Ella se sentía tan increíblemente bien en sus
brazos.
¡Nae! su mente dijo a gritos. No podía
hacerlo. No podía permitirse sentir por ella de este modo.
Nunca podría haber algo entre ellos. Mañana
tendría que dejarla volver a su vida mientras él regresaba a la suya.
Así debían ser las cosas.
Besándole el dorso de su cabeza, suspiró y se
forzó a sí mismo a dormir, nunca la podría tener; ella nunca podría ser más que
un capricho pasajero para él.
Nunca.

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